26 marzo, 2011

Elena Heras, 5º de Primaria, escribió:

Estoy sentada y sola. Juego descuidadamente con el gato mientras pienso como cambiar mi vida.

De pronto, un pensamiento pasa por mi cabeza: "Me tengo que comprar un gato de verdad, éste del coche está muy sucio."

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Adrián Pantoja, 5º de Primaria, escribió:

Había una vez, cuatro hermanos que eran dioses:
Chamuscado, el dios del fuego.
Acuario, el dios del agua.
Rayo Cañón, el dios del sol.
Y Verdoso, el dios de la tierra.
Un día, los cuatro dioses decidieron hacer una carrera para comprobar quien era el mejor, y así fue.
Cuando Acuario iba en cabeza. La pista donde competían se derrumbó.
Después del derrumbe, los cuatro hermanos se dieron cuenta de que sólo eran simples fichas de parchís.
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Nadia Azcutia, 5º de Primaria, escribió:

No sabía a qué color dirigir la mirada. Se le clavaban en sus ojos cómo si de una paleta de colores mirando a un cuadro se tratara. Dudaba de cual elegir: el amarillo, el rosa, el rojo...

Bajo aquel cielo azul, el morado penetró en sus ojos cómo si se tratara del mejor manjar que hubiese encontrado. Fue hacia él y disfrutó hasta saciarse.

Aquella abeja gozó al fin de la morada flor.

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Elena Heras, 5º de Primaria, escribió:

Érase una vez un pollito llamado Polín que lo tenía todo: comida, refugio, muchos amigos, a su familia… Pero no lo sabía apreciar.
Polín era muy antipático y no le agradecía nada a nadie. Hasta que un día, el granjero viendo que estaba muy esmirriado, lo echó de la granja.
Al principio, Polín creyó que solo era una broma; pero luego, se percató poco a poco de lo que había pasado: estaba solo y no tenía nada.
Polín pensó y pensó, y se fue dando cuenta de las cosas que había en su humilde morada: no le faltaba nunca de nada.
Y entonces, nuestro pequeño amigo comenzó a comer y a comer lo que la naturaleza le daba.
Cuando Polín creyó que estaba bien de peso, regresó a su casa.
No volvió a ser malo nunca más, y supo ver esta moraleja:

No esperes a perder lo que tienes, para saber apreciarlo.

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ALEJANDRA DE SOTO Y NATALIA VERDEJO, 5ºde Primaria, escribieron:

Estoy en mi casa. Me levanto. Voy a la cocina y me preparo el desayuno. Cuando he desayunado saco al perro. ¡Se hizo sus cositas en la alfombra! Voy al garaje, cojo el coche. Voy por la A-5 y me encuentro un accidente. Menos mal que había otro carril. Me meto por ahí y al cabo de un rato me doy cuenta de que me había equivocado. No había rotondas: tuve que pagar el peaje. Mi cartera estaba completamente vacía. Se me ocurrió ir por el carril bici ¡El coche no cabía! Vino una hormiga gigante y me comió con coche y todo. Dentro de la hormiga estaba yo. Cuando la hormiga hizo las heces salimos nosotros. Y claro, salimos vomitando y muertos de asco.

Como la hormiga después de comernos había seguido andando, ¡nos pasamos el peaje!

¡Y la hormiga nos llevó hasta el trabajo!

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Juan Carlos Díaz, 5º de Primaria, escribió:

Paco era un científico un tanto necio, que estaba entusiasmado porque dentro de un mes se celebraría un concurso de experimentos. Su proyecto consistía en clonar salas sin tener que construirlas. Para ello, Paco se inspiró en una peluquería.

Llegó el gran día y su nota fue... ¡Un cero! Paco no había clonado salas, las había reflejado con espejos a los lados y parecía que hubiera otra, y otra, y otra...
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Mario López, 5º de Primaria, escribió:

Hace muchos años, mis padres me tuvieron que llevar al hospital porque me hice una brecha en la cabeza. Me curaron; pero al volver a casa sentía una gran tristeza, porque los padres de un niño estaban muy preocupados por la salud de su hijo. ¿Por qué me sentia yo así, en lugar de estar contento por no haberme ocurrido nada?

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Elena Heras y Adrián Pérez, 5º de Primaria, escribieron:

Mi amigo Rubén es soltero. Se pasa todo el día jugando a la play, nunca hace nada. Por eso no le gusta a ninguna chica.

Rubén es muy aburrido. Huele mal. No trabaja. Además, es desordenado. En fin, que es un pelmazo. Una vez tuvo una novia, pero le dejó esa misma tarde. Que “pringao”. Él dice que vive mejor así, solo.

Una vez salió a la calle. Como jugaba todo el día a un juego de zombis, se puso a perseguir a la gente. Todos pensaban que era un loco.

Ahora está en el manicomio. Pobrecillo.

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Natalia Verdejo, 5º de Primaria, escribieron:

Hoy tenía ante mis ojos preciosas flores moradas, blancas y color crema.

Estuve pensando coger una de ellas para mi madre; pero... poco a poco, según entraba la luz, me fui dando cuenta de una cosa...

¡Estaba sentada en el sofá mirando mi cortina!

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Nadia Azcutia, 5º de Primaria, escribió:

El Sol es bonito,
el Sol es muy grande
y yo siempre lo veo
brillante, brillante.

Da mucho calor,
porque es de fuego;
por eso calienta
a todo el mundo entero.

Yo le quiero mucho,
yo le quiero tanto,
que no le puedo ver
llorando, llorando.

Él me dice siempre,
al amanecer:
Niña péiname el alma
para yo poderte ver.

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Natalia Verdejo, 5º de Primaria, escribió:

En uno de mis viajes por Holanda, quedé fascinada por los impresionantes mercados de flores. Lo que más me llamó la atención fue la variedad de tulipanes: los había de múltiples colores.

Esto provocó mi curiosidad por cómo los cultivaban y, al día siguiente, decidí ir a un campo de cultivo. Al llegar allí, vi mucha gente, todos muy abrigados por la humedad y el frío. Las mujeres iban con pañuelos y sombreros, y los hombres solo con sombrero. En una mano llevaban una tijera; mientras con la otra, recogían la flor, cortándola a ras de suelo para dejar el tallo largo.

Todos los tulipanes eran blancos; algo extraño, pues en el mercado los había de muchos colores. Observé, además, que los metían en canastos de mimbre y los llevaban a una nave, lo que aumentó mi curiosidad por saber qué había dentro.

Cuando me disponía a entrar, vi en la puerta un enorme contenedor lleno de botes de temperas vacíos y muchos pinceles de múltiples colores, aunque con pocos pelos.

Una vez dentro, mi sorpresa fue inmensa: había tanta gente como en el campo; pero estaban ocupados en pintar los pétalos de los tulipanes.

Entonces me expliqué por qué eran de tantos y tan variados colores: resulta que los decoraban a su antojo.

A partir de ese día comencé a cultivar margaritas y les pintaba los pétalos de colores.

La verdad, ¡quedaban muy kukis!

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Adrián Pérez y Elena Heras, 5º de Primaria, escribió:

El carnaval es una fiesta en la que todo el mundo se disfraza y se lo pasa genial. Son sólo dos días; pero la gente lo disfruta como si fuera un año entero. Me fijé en un niño que iba vestido de Spiderman y… ¡Me pareció súper chulo! Luego, a parte de ese niño, había mucha más gente que también me gustaban.

¿Sabes? Creo que esta fiesta es mi favorita por la alegría y el espectáculo que hay en las calles.

Vale, vale... Aquí viene la historia buena, que fue lo que nos pasó a mi amigo Víctor y a mí:

Vimos un hombre que iba de preso y nos pareció muy realista. ¡Pero le seguía la poli¡ Comenzamos a pensar, y, Víctor y yo nos dimos cuenta de que era un preso de verdad, que se había escapado de la cárcel que estaba a la vuelta de la esquina.

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Miguel Manzano Yugo, 5º de Primaria, escribió:

Un día, Juan estaba tan tranquilo en su casa, mientras que en la calle estaba lloviendo. De repente, paró de llover y apareció el arcoiris. Juan no sabía qué eran esas lineas de colores. Le preguntó a su compañero de casa, pero no le miró a la cara ni abrió la boca. Poco a poco, el arcoiris fue desapareciendo y Juan, de un salto, salió de su casa y... en pocos segundos se asfixió.
Juan no se acordaba de que era un pez.

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Mario López, 5º de Primaria, escribió:

Cuando oí ese grito me aterroricé: ¡Era espantoso! Al rato, escuché otro igual; pero éste era más grave.

Toda la noche, el que fuera estuvo dando gritos. A la mañana siguiente, los vecinos se reunieron e hicieron un plan: permanecer despiertos en sus habitaciones, y cuando sonara ese grito por vez primera, salir todos a una.

Así fue. Salieron a la calle y descubrieron que... ¡Era un loro, que estaba diciendo "Hola"! Y como no le hacían ni caso decidió gritar más fuerte y más grave.

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Nadia Azcutia, 5º de Primaria, escribió:

Hace un tiempo, unos 20 años más o menos, conocí a una mujer africana llamada Amelia Grifner.

Amelia había venido a España para montar una empresa, porque era una ingeniera extraordinaria en la especialidad de aeronáutica.

El problema fue que, al ser de raza negra, nadie quería trabajar con ella. Así que, la pobre, tuvo que volver a su país sin una peseta (que en esos tiempos eran pesetas) y sin trabajo... Como podéis suponer, la echaron.

Mi profesor dice que no me deje llevar por las apariencias; que, muchas veces, hacen que nos equivoquemos.

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Elena Heras, 5º de Primaria, escribió:

TEXTO QUE NO TIENE PREPOSICIONES: SOFÍA NO PUEDE PEGAR OJO. LA CULPA LA CORROE. SIENTE QUE PUDO HACER ALGO QUE EVITARA ESA CATÁSTROFE.

TODO OCURRIÓ EL LUNES PASADO, UN TERRIBLE DÍA QUE SOFÍA NO CONSIGUE OLVIDAR.
FEDERICO, UN NIÑO DEL COLE AL QUE VA SOFÍA, ESTABA MONTANDO SU BICICLETA TRANQUILAMENTE, CUANDO SE LA ENCONTRÓ APOYADA AL LADO DEL SEMÁFORO:
- ¡HOLA!
- ¡AH, HOLA, SOFÍ! VOY CONTIGO AHORA MISMO.

Y AHÍ PASO TODO. FEDERICO SE APRESURÓ CRUZANDO EL SEMÁFORO ROJO Y, UN COCHE LO ATROPELLÓ.

AHORA FEDERICO ESTÁ HOSPITALIZADO GRAVEMENTE, Y SOFÍA NO PUEDE VIVIR DEL DOLOR.


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